1. Cristo de la Habana
Frente a la Habana Vieja, un Cristo de mármol de 20 metros mira a la ciudad desde una colina en el pueblo de Casablanca, con los brazos abiertos. La escultora Jilma Madera lo talló en mármol de Carrara, el mismo que se usó en los monumentos de la Necrópolis Cristóbal Colón. La estatua pesa 320 toneladas y se armó con 67 piezas talladas en Roma, bendecidas por el Papa Pío XII y enviadas a Cuba. Se inauguró en 1958, pocas semanas antes de la Revolución. Llegar es parte del plan. Un pequeño ferry sale de la Terminal de Cruceros, cerca de la Plaza de San Francisco, y cruza el puerto hasta Casablanca. El trayecto dura unos 10 minutos y cuesta casi nada. Desde el muelle hay una subida corta hasta la estatua. Lo mejor es la vista panorámica: se ve todo el perfil de la Habana Vieja, el Malecón y la cúpula del Capitolio sobre los tejados. Entrar al área de la estatua cuesta 2 USD. Es una parada que muchos pasan por alto porque hay que cruzar el agua. Eso juega a tu favor. La colina es tranquila, las vistas son las mejores de la ciudad y el ferry se siente como una experiencia local, no turística.