1. Kasuga Grand Shrine
Se fundó en el 768 para proteger la recién construida capital. Está al este de Nara Park, dentro de un bosque de cedros enormes. Es el centro de unos 3.000 santuarios Kasuga en Japón y Patrimonio de la Humanidad. El camino para llegar es parte del plan: un sendero largo con unas 2.000 linternas de piedra, muchas con musgo y siglos encima. Según la tradición sintoísta, la deidad Takemikazuchi llegó montada en un ciervo blanco; por eso se les considera mensajeros sagrados. Entrar al recinto es gratis. Si quieres ver el santuario interior con sus famosas linternas colgantes, cuesta 500 JPY y vale la pena solo por el ambiente. Se tarda unos 20 minutos caminando desde Kofukuji a paso tranquilo y pasarás por zonas llenas de ciervos. Kasuga se reconstruye cada 20 años como parte de una tradición de renovación sintoísta. Por eso las estructuras se ven tan nuevas. Dos veces al año, en febrero y agosto, encienden las 3.000 linternas a la vez. Si te coincide, justifica el viaje por sí solo.