1. Ramparts of Aigues-Mortes
El circuito de murallas que rodea la ciudad es una de las fortificaciones medievales mejor conservadas de toda Europa. Caminar por lo alto te da dos perspectivas. Miras hacia adentro y ves la cuadrícula geométrica de calles y tejados de terracota. Miras hacia afuera y te encuentras con las salinas planas e infinitas que se vuelven rosas bajo el sol. El paseo cubre casi 1,6 kilómetros e incluye el acceso a varias torres, cada una con un ángulo distinto de la estrategia defensiva del siglo XIII. No es un simple muro. Es una compleja máquina de guerra diseñada para proteger a la flota de las cruzadas.
Necesitas comprar entrada para pasar. Incluye una audioguía que de verdad merece la pena escuchar. Explica las técnicas de construcción y la dura realidad de los asedios medievales sin resultar aburrida. Mientras recorres el camino de ronda te fijas en las marcas de los canteros en las piedras, que son las firmas de los trabajadores que construyeron esta estructura hace más de 700 años. Es la parada número uno en Aigues-Mortes y la base de todo el turismo del lugar.
No hay nada de sombra en los muros. En verano la piedra irradia calor y pasear al mediodía es un castigo. Ve en cuanto abran o a última hora de la tarde para pillar la luz del atardecer. A esa hora la piedra caliza brilla con un naranja cálido y las salinas se encienden de color. El circuito tiene sentido único en algunos tramos, así que mentalízate para dar la vuelta entera o mira el mapa para buscar salidas anticipadas si viajas con niños pequeños que se cansan rápido.