1. Cathédrale Saint-Sauveur
Esta catedral es una lección caótica y hermosa de indecisión arquitectónica. Construida a lo largo de siglos, mezcla los estilos romano, románico y gótico en una sola estructura que extrañamente funciona. Literalmente puedes estar de pie sobre los cimientos de un foro romano, mirar hacia arriba a una nave románica y atravesar un portal gótico, todo en una sola visita. Se siente orgánica, como si el edificio hubiera crecido y cambiado junto con la propia ciudad en lugar de haber sido planeado sobre una mesa de dibujo.
En el interior, el Baptisterio es el protagonista, con sus antiguas columnas que son anteriores a la propia iglesia, recicladas de un templo romano. La luz aquí es diferente, se filtra por la cúpula octogonal y crea un ambiente sobrio y de respeto. Entre las diversas atracciones de Aix-en-Provence, esta te exige bajar el ritmo y mirar los detalles, como el tallado de las puertas o el famoso Tríptico de la Zarza Ardiente, que suele estar cerrado para protegerlo.
Se encuentra en lo alto del casco antiguo, actuando como contrapeso espiritual al bullicio comercial de abajo. La plaza exterior suele estar llena de estudiantes de la universidad cercana, aportando un contraste ruidoso y alegre a las piedras antiguas.