1. Abbaye aux Dames
Mientras su marido Guillermo el Conquistador levantaba su propio legado arquitectónico al otro lado de la ciudad, la reina Matilde encargó esta obra. Se siente mucho más íntima que su contraparte masculina. Las torres románicas dominan el horizonte, pero el interior tiene una elegancia discreta que les falta a los sitios más grandes. Puedes bajar a la cripta para ver la sencilla tumba de piedra negra de Matilde, un recordatorio seco de la mujer que gobernó Normandía con mano de hierro.
A diferencia del centro bullicioso, aquí se siente una desconexión total con la vida moderna. Los arcos de piedra y la nave llena de luz aguantaron siglos de conflictos, incluidos los bombardeos que arrasaron casi toda la ciudad. Hoy funciona como edificio administrativo; verás a funcionarios corriendo entre las columnas antiguas, lo que le da un toque de realidad diaria a tanta historia.
Comparar los sitios de Caen cansa, pero esta abadía equilibra bien el peso militar del castillo. Está en una pequeña elevación que permite mirar hacia las agujas de la ciudad. Si ya fuiste a la Abbaye aux Hommes, ese diálogo arquitectónico entre los dos esposos se vuelve la conversación silenciosa más interesante del lugar.