1. Palace of the Kings of Majorca
Domina el horizonte sur y es la razón por la que Perpignan parece una capital. Construido a finales del siglo XIII, se asienta sobre una meseta rodeada de murallas en forma de estrella que se añadieron después. Al subir por las fortificaciones el ruido del tráfico desaparece por completo. La arquitectura mezcla la fuerza del románico con la elegancia del gótico, con una capilla de dos niveles que usa mármol rojo y piedra blanca con un resultado impactante.
La inmensidad de las salas vacías puede imponer, pero transmite bien el poder del Reino de Mallorca. Es el plato fuerte de la ciudad y necesita al menos una hora o dos para verlo bien. Los jardines dentro de los muros ofrecen una tranquilidad extraña, aislada del mundo por cortinas de piedra. No está amueblado como un castillo del Loira; es el caparazón del poder, reducido a sus huesos arquitectónicos.
Prepárate para el viento. El palacio está muy expuesto y cuando sopla la Tramontana se nota con fuerza en las galerías superiores. Esa exposición es parte de la experiencia y recuerda que esto era tanto una fortaleza defensiva como una residencia real. Las vistas desde la Torre del Homenaje sobre los tejados rojos de la ciudad no tienen rival.