1. Bayonne Cathedral
Sus dos agujas dominan el cielo y te guían por las calles estrechas de Grand Bayonne hasta este gigante gótico. El exterior se limpió hace poco y la piedra tiene un tono pálido que contrasta con el gris del cielo atlántico. Por dentro es enorme, con vidrieras que proyectan luces rojas y azules sobre el suelo de piedra, creando rincones de silencio lejos del ruido comercial de fuera.
El claustro de al lado es el verdadero motivo para venir. Es un cuadrado de aire puro y tranquilidad que parece estar a kilómetros de la ciudad. Es de los pocos lugares de Bayona donde puedes sentarte en un banco de piedra y no oír nada más que el viento y las campanas a lo lejos. El paso de la catedral al claustro muestra el cambio entre lo religioso y lo civil, ya que este espacio era el punto de reunión de los mandatarios de la ciudad.
Aunque la nave central impacta, las capillas laterales tienen más carácter, con ofrendas y el desgaste de los siglos. Es una parroquia activa, así que es fácil coincidir con algún ensayo o misa, lo que le da un toque de cultura viva al monumento.