1. Grande Plage
Es la imagen de postal de la ciudad, una franja de arena dorada dominada por las carpas de rayas y la silueta del Hôtel du Palais. En verano se llena muchísimo y cuesta encontrar un hueco, pero esa energía es parte de lo que la hace especial. Las olas están muy controladas: las banderas separan a los bañistas de los surfistas que esperan su turno, un orden necesario en el caos de la temporada alta.
Aunque no te bañes, la playa es un espectáculo de la vida local. Verás a las escuelas de surf dando clases a principiantes en la orilla y a los vecinos de siempre nadando sus largos diarios sin importar la temperatura del agua. Es el sitio más accesible, justo a los pies del casino y de las calles comerciales, lo que permite escaparse una hora entre otras actividades.
La marea alta se come casi toda la arena y empuja a todo el mundo contra el muro, así que es fundamental mirar la tabla de mareas si quieres tomar el sol. El paseo de arriba es el sitio perfecto para ver cómo sube el agua, que suele golpear con mucha fuerza contra los muros durante los temporales de invierno.