1. Cathédrale Saint-Bénigne
Mientras que Notre-Dame suele llevarse el protagonismo con sus gárgolas, esta mole gótica domina el lado oeste del centro con una presencia más sobria. El tejado tiene las tejas polícromas típicas de la zona, pero lo mejor está bajo el suelo. Pagando un poco entras a la rotonda y la cripta, restos de una basílica románica mucho más antigua que nada tiene que ver con la nave del siglo XIII que hay encima. Es un sitio oscuro, milenario y con un silencio tan denso que hace que el jaleo de fuera parezca estar a kilómetros.
El interior es más austero de lo que parece por fuera. La altura de los pilares dirige la vista hacia arriba, pero la piedra está desnuda, dejando que la luz de las vidrieras mande en el espacio. Es una iglesia que funciona como tal antes que como sitio turístico, así que no hay tantas aglomeraciones como en otros templos cercanos.
Explorar esta catedral permite entender las raíces espirituales de la ciudad más allá de las fotos típicas. Entre los sitios medievales de Dijon, la cripta resalta por su antigüedad y rareza arquitectónica. Hay que bajar unas escaleras empinadas, así que lleva calzado cómodo y prepárate para el frío del subsuelo incluso en pleno verano.