1. Cathedral of Saint-Pierre and Saint-Paul
Al ver la fachada de piedra caliza blanca, cuesta creer que este edificio haya sobrevivido a siglos de mala suerte, desde los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial hasta el incendio de 2020. La estructura es más ancha y luminosa de lo que uno espera, con una bóveda interior que supera en altura a la de Notre-Dame de París. El vacío que se siente dentro, acentuado por los daños recientes, resalta la escala de las líneas verticales y la pureza de su arquitectura.
Es normal encontrar obras de restauración, por lo que algunas partes de la nave o capillas específicas podrían estar cerradas durante tu visita. Aun así, la cripta sigue siendo el gran reclamo porque guarda las tumbas de Francisco II y Margarita de Foix, una obra maestra de la escultura renacentista que se salvó de las llamas. Este sitio representa la resistencia de la ciudad más que su historia religiosa.
No esperes una iglesia llena de objetos o reliquias; aquí la estética es limpia y espaciosa. La luz que atraviesa las vidrieras que quedan tiñe el suelo de piedra de tonos azules y rojos suaves al caer la tarde. Es un espacio que obliga a hablar bajo, no solo por respeto, sino porque la acústica hace que el más mínimo susurro recorra toda la nave.