1. Petite France
Es la típica foto de postal: casas de madera que parecen volcarse sobre los canales, con flores en cada ventana. Antiguamente era el barrio de los curtidores; si te fijas en los tejados, verás las galerías abiertas donde colgaban las pieles para que se secaran al aire. Hoy, el olor a cuero ha dejado paso al aroma de las tartas flambeables (flammekueche) y los gofres.
El agua corre despacio entre barcos turísticos eléctricos y patos. Las calles son peatonales y mantienen la escala medieval del barrio. Aunque está lleno de turistas, la arquitectura es real. La estructura de madera y la forma en que las casas parecen brotar del agua crean una escena que parece de mentira de lo perfecta que es.
Para disfrutarlo de verdad, hay que evitar las horas punta. Los callejones y puentes se llenan por la tarde, pero el reflejo de las casas en el agua merece la pena el agobio.