1. Paseo Marítimo
Con sus más de 13 kilómetros de longitud, este es el paseo marítimo más largo de Europa y la arteria principal de la vida al aire libre en la ciudad. Las inconfundibles farolas rojas de estilo modernista sirven como marcadores de distancia, guiándote a través de playas, acantilados y monumentos en una cinta continua con sabor a sal. Bordeando toda la península, te asegura tener el océano siempre en el hombro, pasando de las aguas tranquilas de la bahía al fuerte oleaje del Atlántico.
Es a donde van los coruñeses a quemar calorías, despejar la cabeza o simplemente pasear al perro. Para los que vienen de fuera, conecta los principales lugares de A Coruña como si fueran las cuentas de un collar, desde el castillo hasta el faro. Los cambios en el terreno mantienen el interés del paseo, pasando de las aceras urbanas a senderos más salvajes y rocosos cerca de la Torre.
No hace falta que lo recorras entero para pillarle el punto; hacer solo un tramo cerca de la playa de Riazor ya te da una buena bofetada de aire marino. Es el mejor sitio para entender la relación de la ciudad con el océano: no se trata solo de tener buenas vistas, sino de una presencia física que moldea la forma de vida.