1. Girona Cathedral
Dominando el horizonte, la Catedral de Santa María es famosa por una apuesta arquitectónica arriesgada: tiene la nave gótica más ancha del mundo. Al entrar, el vacío del espacio desorienta. No hay columnas que rompan la zona central, solo una única bóveda de piedra de 23 metros de ancho. Los arquitectos medievales no estaban seguros de si aguantaría en pie, pero sigue ahí como prueba de la audacia de la ingeniería catalana.
La llegada es parte del plan. Se sube la gran escalera barroca de 90 peldaños —que ha salido en grandes producciones de cine— elevándose poco a poco hacia la fachada. Una vez dentro, el contraste entre la piedra bañada por el sol del exterior y el interior fresco y oscuro es total. Más allá de la arquitectura, el tesoro guarda el Tapiz de la Creación, un bordado del siglo XI tan relevante para la historia textil como el tapiz de Bayeux, que muestra el génesis con imágenes románicas raras de ver.
Ocupa un lugar alto entre los sitios que ver en Girona y llama la atención desde cualquier punto. Pero no mires solo hacia arriba; fíjate en las tumbas del suelo y las capillas laterales, que suelen ignorarse por culpa de la nave. El claustro ofrece un ambiente totalmente distinto, con formas trapezoidales y capiteles tallados que cuentan historias bíblicas con un humor y una monstruosidad sorprendentes.