1. Costa Nova
Un corto trayecto en coche desde el centro te lleva a esta franja de tierra emparedada entre la laguna y el Atlántico, famosa por sus 'palheiros' —casas de madera pintadas a rayas verticales brillantes. Originalmente construidas por pescadores para guardar aparejos, han evolucionado a casas de vacaciones codiciadas, creando un paisaje urbano que parece una tienda de dulces hecha realidad. El impacto visual es inmediato e innegable, convirtiéndolo en un favorito para fotógrafos y paseantes.
Más allá de las fachadas coloridas, el lado del océano de Costa Nova ofrece una experiencia de playa más salvaje y ventosa. Las pasarelas de madera protegen las dunas y proporcionan un camino largo y plano que se extiende por kilómetros, perfecto para despejar la cabeza tras el bullicio del pueblo. El aire aquí está cargado de salitre y las olas del Atlántico suelen ser demasiado fuertes para nadar tranquilo, atrayendo a surfistas y bodyboarders en su lugar.
Aunque técnicamente está fuera del núcleo principal de atracciones de Aveiro, irse de la región sin ver estas rayas es un error. La zona también alberga un mercado de pescado fresco donde puedes ver llegar la captura diaria, vinculando las casas pintorescas con el duro trabajo marítimo que las construyó.