1. Basilica of San Vicente
Justo extramuros, la Basilica of San Vicente suele sorprender a los viajeros, que la encuentran más acogedora que la catedral. Construida con piedra arenisca de tonos dorados en lugar del sombrío granito gris de las fortificaciones, brilla con calidez bajo el sol de la tarde. El pórtico es la obra maestra del edificio, una entrada profunda y cubierta que protege una portada románica tallada al detalle, pero prácticamente sin las multitudes con las que tienes que pelear en otros sitios.
Por dentro, el ambiente es más ligero y ventilado. El centro de atención es el cenotafio de los tres mártires (Vicente, Sabina y Cristeta), un elaborado sarcófago de piedra bajo un baldaquino que narra su macabra historia en relieves muy gráficos. Está situado justo debajo del crucero y atrae la mirada de inmediato. La cripta inferior es accesible y contiene la roca donde la tradición cuenta que arrojaron sus cuerpos, un contraste rudo y sin pulir frente a la elegancia de la planta superior.
Aunque la catedral domina la lista de atracciones religiosas de Ávila, San Vicente ofrece un ejemplo más puro de arquitectura románica. Está en una plaza más tranquila, lo que te permite inspeccionar de cerca las figuras grotescas y las bestias míticas talladas en los aleros del exterior sin que te empujen los grupos de turistas que van hacia las puertas de la muralla.