1. La Concha Beach
Las mareas marcan el ritmo de vida en esta media luna de arena que sirve como el patio delantero de la ciudad. La marea baja deja un espacio enorme para pasear o jugar al fútbol, mientras que la marea alta empuja a todo el mundo contra el muro, estrechando la playa a una franja de granos dorados. La barandilla de hierro blanco que bordea el paseo es ya un símbolo de la ciudad, enmarcando las vistas de la isla y los montes lejanos.
Nadar aquí se siente más seguro y tranquilo que en otras playas, gracias a la protección de la isla situada en el centro de la bahía. Es el lugar más conocido de la ciudad por un motivo claro, pero mantiene su utilidad diaria para los locales que nadan aquí todo el año, incluso con neopreno en invierno. La elegancia de los edificios del entorno, incluyendo el antiguo balneario real, le da un aire señorial raro de ver en una playa urbana.
Caminar desde el Ayuntamiento hasta el túnel que lleva a Ondarreta lleva unos veinte minutos, aunque la luz cambiante sobre el agua suele alargar el paseo hasta una hora. Las mañanas son para el ejercicio y la soledad, mientras que las tardes traen a la multitud. Incluso cuando está llena, la amplitud de la bahía absorbe a la gente, manteniendo una sensación de grandeza difícil de igualar.