1. La Giralda
El símbolo de la ciudad fue el alminar de la mezquita mayor, una obra maestra de ladrillo que ahora sirve de campanario a la catedral. Su belleza está en los delicados patrones de sebka que suben por los laterales, cambiando de aspecto según se mueve el sol. El campanario renacentista añadido arriba encaja sorprendentemente bien, creando una silueta que se ha copiado en ciudades de todo el mundo.
Subir es una experiencia distinta porque no hay escaleras; en su lugar, una serie de rampas anchas y suaves suben en espiral. Se diseñaron así para que el muecín pudiera subir a caballo a llamar a la oración. Hoy esto hace que el ascenso sea menos pesado que en otras torres, aunque la inclinación constante requiere esfuerzo. La recompensa arriba es una vista de pájaro a los arbotantes de la catedral y al paisaje de azoteas blancas de la ciudad.
Ninguna visita está completa sin mirar al Giraldillo, la veleta de bronce que gira con el viento a pesar de pesar más de una tonelada. Representa el triunfo de la fe pero se ha convertido en un icono laico de orgullo local. Ya sea desde una azotea o desde el suelo, la torre ancla el horizonte con elegancia.