1. Cathedral of Santa María de Mediavilla
Desde la calle, la torre hace pensar en una estructura mudéjar normal, pero el interior guarda una de las piezas de arte medieval más importantes de Europa. La techumbre de madera, a la que llaman la 'Capilla Sixtina del mudéjar', cubre la nave con una complejidad que obliga a estirar el cuello para verla bien. A diferencia de las bóvedas de piedra, esta obra de madera está pintada con escenas de caza, mitología y vida en la corte, ofreciendo una ventana real a la mentalidad del siglo XIII.
La mezcla de geometría islámica y pintura gótica en el techo crea un diálogo visual que no se encuentra en casi ningún otro sitio. Unos prismáticos vienen muy bien, porque los detalles de las figuras bebiendo, peleando o comerciando son pequeños y están muy altos. El altar y las capillas laterales son recargados, pero palidecen ante la historia que se cuenta en el techo.
Es el eje artístico de la ciudad. Une la tradición del ladrillo islámico con la iconografía cristiana de forma natural. La torre se puede ver desde la plaza, pero la techumbre exige pagar entrada y dedicarle un buen rato de observación en silencio.