1. Plaza Vázquez de Molina
Este es el lugar que justifica todo el viaje. Entrar en esta plaza en forma de L puede abrumar; es un teatro de piedra al aire libre donde cada edificio compite por ser el mejor. No hay rastro de tiendas, ni carteles de neón, ni coches: solo una gran extensión de suelo rodeada por la Sacra Capilla, el Parador y el Ayuntamiento. Se considera uno de los mejores espacios renacentistas de Europa y el silencio aquí pesa.
Que no haya árboles ni bancos es una decisión consciente; el espacio se pensó para desfiles y espectáculos, no para sentarse a pasar el rato. La escala hace que te sientas pequeño, que era justo lo que buscaban los hombres poderosos que pagaron estas obras. Puedes ponerte en el centro y girar 360 grados viendo toda la época dorada de la ciudad sin que nada moderno moleste.
No hay visita a Úbeda que no empiece o termine aquí. Es la pieza que une todos los palacios. Conviene verla dos veces: una de día para apreciar los detalles de la piedra, y otra de noche, cuando los focos convierten la plaza en un escenario dorado muy dramático.