1. Calle Mayor
Este eje peatonal une el puerto con la Plaza de San Sebastián, con un suelo de mármol pulido que brilla bajo el sol del mediodía. Es el escaparate arquitectónico de la ciudad, donde el auge minero de finales del XIX y principios del XX financió una explosión de fachadas modernistas. Cada pocos metros dan ganas de mirar hacia arriba para ver balcones de hierro, motivos florales y miradores que parecen competir por llamar la atención.
La calle funciona como el salón de la ciudad. Por las tardes, el ritmo baja y los cartageneros salen a pasear, yendo y viniendo para ver y ser vistos. Las plantas bajas están llenas de tiendas y cafeterías, pero lo interesante ocurre por encima de los ojos. Es un corredor de confianza burguesa que explica dónde fue a parar el dinero cuando esta región era la capital minera de España.
Caminar por aquí ayuda a orientarse, ya que muchas calles laterales que llevan a ruinas o museos nacen en esta arteria. Es ruidosa y comercial, pero la calidad de la arquitectura hace que una tarde de compras parezca una lección de historia sobre auges y crisis económicas.