1. Albayzín
Las paredes encaladas suben abruptamente desde el valle del río, formando un enredo de callejones empedrados que parece más una medina norteafricana que una ciudad europea. Este no es un barrio para recorrer con mapa; simplemente asumes que te vas a perder y aceptas que cada curva probablemente termine en un callejón sin salida o en una vista enmarcada de la Alhambra al otro lado del desfiladero. El silencio en las callejuelas residenciales de la parte alta choca con el bullicio de las teterías de la Calle Calderería Nueva más abajo, donde el olor a menta y cuero satura el aire.
Caminar por aquí exige calzado resistente y buenas piernas. Los coches son prácticamente inútiles en estas arterias estrechas, así que la vida diaria transcurre a pie, a un ritmo más lento y pausado. Verás a los vecinos cuidando geranios en patios escondidos y a la gente del barrio reunida en torno a los aljibes que llevan siglos regando esta colina. Es un barrio habitado, no una pieza de museo, lo que significa que debes respetar el silencio y la privacidad de quienes viven en este lugar protegido por la UNESCO.
Aunque la mayoría de los turistas no salen de la vía principal que lleva a los miradores, el verdadero carácter está en los rincones tranquilos alrededor de San Miguel Bajo. Si buscas atracciones en Granada que capturen el alma árabe de la ciudad sin colas para comprar entradas, pasar una tarde deambulando sin rumbo por estas cuestas es obligatorio. Solo prepárate para la subida; las mejores perspectivas siempre cuestan un poco de sudor.