1. Oviedo Cathedral
La Catedral de San Salvador es el eje de la ciudad, famosa por esa torre gótica única que pincha el cielo. A diferencia de otras que buscan la simetría, esta es asimétrica a propósito, un rasgo que se ha convertido en su seña de identidad. Era parada obligatoria para los peregrinos: se decía que quien va a Santiago y no al Salvador "visita al criado y no al señor".
Por dentro, la nave es una caverna de piedra que se siente antigua y pesada. El retablo mayor es una maravilla tallada en madera, pero lo que de verdad atrapa es esa atmósfera de devoción de siglos que se nota en los muros. Se pueden rastrear los estilos desde la Cámara Santa prerrománica hasta las capillas barrocas leyendo la historia en el cambio de la piedra.
Es el lugar que exige atención primero. No es solo una iglesia, sino un conjunto de espacios sagrados que definieron el Reino de Asturias. La plaza exterior ofrece el mejor ángulo para apreciar la aguja, sobre todo cuando las luces de la noche tiñen la piedra de un color dorado cálido.