1. Cathedral of Santander
Este robusto edificio de piedra caliza se levanta sobre una colina que fue un asentamiento romano. En realidad son dos iglesias superpuestas: la Iglesia del Cristo abajo, del siglo XII, y la basílica gótica arriba. La arquitectura es sobria, casi de fortaleza, debido a las muchas reconstrucciones, sobre todo tras el incendio de 1941 que arrasó el centro medieval.
La iglesia inferior es baja y cavernosa, con arcos gruesos que aguantan el peso de la de arriba, mientras que la superior parece más ligera pero muy austera. El claustro es un jardín cuadrado rodeado de arquerías góticas que contrasta con el ajetreo de las calles de fuera. Aquí está la tumba de Marcelino Menéndez Pelayo, pero por lo demás apenas tiene adornos.
Entre los monumentos de Santander, este complejo sobresale por su resistencia más que por ser bonito. No es un lugar de dorados y excesos barrocos, sino un bloque sólido que recuerda a una ciudad que ha tenido que reconstruirse varias veces.