1. Mercado de Abastos
Este es el motor de la ciudad. Instalado en una serie de naves de granito que parecen capillas románicas, el mercado es donde el océano Atlántico llega cada mañana en cajas de percebes, pulpo y merluza. El olor es una mezcla de salitre, queso de tetilla y piedra húmeda. A diferencia de otros mercados gourmet de Europa, este sigue siendo un mercado real donde las abuelas regatean con pescaderas que llevan generaciones en su puesto.
Con lluvia o con sol, la actividad aquí es incesante. Ofrece un vistazo a la vida local sin el envoltorio religioso. Si buscas algo en Santiago de Compostela que alimente el cuerpo y no solo el alma, este es el sitio. Verás cajas de pimientos de Padrón en temporada y panes gallegos enormes con la corteza dura como madera y el interior suave como una nube.
Los callejones de alrededor están llenos de tabernas y pulperías que aprovechan lo que sale del mercado. Lo mejor es ir a media mañana, cuando los puestos están llenos y la energía está a tope. A primera hora de la tarde cierran y empiezan a baldear, así que el horario lo es todo.