1. Central Market
Es uno de los mercados de comida más antiguos de Europa y una auténtica catedral del modernismo. El hierro, el cristal y la cerámica se unen para crear un espacio luminoso que huele a naranjas frescas, jamón y mar. La cúpula sube hasta los 30 metros de altura, llena de veletas y vidrieras que convierten la compra semanal en un espectáculo. Cada puesto es una explosión de color, desde el rojo del chorizo a las montañas amarillas de azafrán.
Aunque es uno de los sitios más famosos de Valencia, sigue siendo un mercado real donde las abuelas regatean por el mejor trozo de carne. La energía es frenética pero amable. Hay que respetar que la gente está trabajando; intenta no tapar los pasillos para sacar fotos. Los productos son de temporada y de la zona, lo mejor de la agricultura de la región.
No vayas justo antes de que cierren a las 15:00, porque muchos puestos empiezan a recoger a las 14:00. Lo mejor es ir temprano, cuando los pescaderos gritan los precios y los carritos de reparto van de un lado a otro. Cómprate un zumo natural en un puesto y da una vuelta por fuera para ver la fachada antes de meterte en el lío.