Plaza de Armas de San Pedro de Atacama
Empieza aquí, a la sombra. Tras el resplandor del desierto que rodea el pueblo, la plaza te recibe como una habitación fresca: densos pimientos echados sobre un cuadrado de tierra apisonada y bancos, cerrado por todos lados por edificios bajos de adobe del color del suelo en que se asientan. Es el motor social de todo el oasis. Los locales la cruzan sin parar, los perros duermen bajo los árboles y todo el mundo acaba pasando por ella. Es gratis y está abierta a cualquier hora, así que no hay prisa ni nada que comprar. Tómate diez minutos en un banco para aclimatarte. Estás aquí a unos 2.400 m, y la altitud se nota de verdad. Oriéntate, bebe algo de agua y fíjate en que el pueblo está construido por completo de tierra y madera, sin un solo trozo de hormigón a la vista. La iglesia encalada se alza en el extremo suroeste. Camina hacia ella cruzando la plaza, hacia tu primer interior.
1 min a pie hasta la siguiente parada


